2012/03/25

Grupones, año y medio después

Hace casi año y medio leí sobre los "grupones", páginas como la de Groupon y las otras que surgieron casi a la vez. Pronto me apunté a ellas también, Groupalia y LetsBonus, para comprar ofertas concretas.

Originalmente, el planteamiento de estas páginas es interesante. Parece razonable que, si se consigue juntar a una cantidad de personas que quieren comprar algo, se pueda negociar un buen precio. La forma de llevar esto a la práctica es un poco al revés: las páginas eligen un producto, y negocian un precio a cambio de garantizar un número mínimo de compradores. Lo ofrecen, y una vez que lo "compra" la cantidad correspondiente de personas, la oferta se hace efectiva. Claro está que las ofertas son "genéricas", pues no las confeccionan los compradores, sino que deben adaptarse a las que aparecen.

En todo este tiempo he comprado ofertas de muchos tipos: comida (sobre todo), masajes, lavados de coche, estancias de hotel, teatro, "cacharritos" (teléfonos, tazas de Vistaprint, un casco de moto...), cursos de cocina, y carnet de moto (de esto hablaré en otro post).

Las experiencias han sido bastantes variadas. Quizá las de teatros son las más previsibles: la obra es la que es, pero a menor precio. Los "cacharritos" rara vez son contrastables en internet, por tratarse de modelos específicos. Por suerte, no he tenido problemas. Únicamente en el caso del casco, de haberlo podido probar, habría elegido una talla distinta. En principio es un problema de cualquier compra por internet, pero se complica un poco: tú compras el producto al intermediario, que (previo encargo) ha comprado el casco al proveedor. ¿A quién le pides cuentas? El intermediario ha servido lo que pediste, así que poco se puede hacer. Y el proveedor no te ha vendido nada, así que tendrás que tener mucha suerte para conseguir un cambio, no digamos un reembolso.

La mayoría de cupones son intercambiables por servicios (masajes, lavados, pero también restauración). Los cupones tienen una caducidad, de modo que hay que reservar y, cuando haya disponibilidad, canjear el cupón. ¿Qué ocurre? Que uno se compra el cupón, luego no acaba de encontrar el momento para canjearlo, y cuando se acerca la fecha de caducidad ya no hay disponibilidad.

Esto me ha ocurrido en varias ocasiones. Las soluciones (por parte del prestador del servicio, o del intermediario) han sido ampliar el plazo, o bien reembolsar el importe del cupón. En el segundo caso, en vales para la página correspondiente, a gastar en un plazo determinado.

Los cupones de restauración (la mayoría) me han llevado a sitios de lo más variado, a los que no habría ido de otra manera. Algunos de ellos los tengo anotados como sitios a los que volveré, en uno u otro momento. Otros son interesantes en cuanto a la relación calidad/precio, pero no me plantearía visitarlos sin cupón. Y luego están otros con los que nos hemos echado unas risas.

Como ejemplo, en uno de los últimos, mi pareja y yo consumimos las dos hamburguesas + botella de vino incluidas en el cupón, y terminamos pidiendo un menú del día a compartir, para conseguir salir comidos. La hamburguesa, claro está, no se parecía a la de la foto.

A la hora de elegir los cupones hay que tener en cuenta una cosa: la publicidad vende expectativas. Cuando lees la descripción del cupón, en tu cabeza aparece la imagen que quieres. La publicidad despierta tu imaginación. Pero sólo vale lo que está escrito, por lo cual hay que leer detenidamente, y no dejarse llevar. Recuerdo una oferta para una hamburguesa con salsa de boletus por un euro. Se obligaba a consumir un entrante por persona; claro, siempre pides algo de beber, y posiblemente un postre. La comida te podía salir por 15 euros. O tu concepto de maravilloso, magnífico, completo, u otros adjetivos igual de subjetivos y ambiguos, no es igual que el que tiene el autor de la publicidad. Y si ves lo que has comprado y te parece poca cosa... bueno, en la publicidad ponía que era maravilloso, pero qué le vamos a hacer.

Desde el punto de vista de los establecimientos, la cosa está dividida. Por lo que he podido leer en algunas webs, se presiona para que las ofertas sean realmente buenas. Y de lo que paga el cliente, entre un 25 y un 50% se lo queda el intermediario. Por tanto, quien presta el servicio cobra una cantidad bastante baja. ¿Y dónde está el beneficio? Tendrá que conseguir fidelizar al cliente mediante un buen servicio, consiguiendo vía libre para enviarle publicidad directamente, obligando a pagar precio estándar por otros elementos (como el entrante o bebidas que decía antes), o bien simplemente consiguiendo el cliente en caso de negocios con alto coste fijo y variables muy bajos (por ejemplo, para un balneario, que vaya un cliente más representa un coste mínimo). Y además, con exclusividad (si se ofrecen a través de una de estas páginas, no pueden ofrecerse a través de ninguna otra durante un tiempo.

En resumen: para los vendedores, una posibilidad de dar a conocer su negocio. Con poco beneficio, pero la publicidad tampoco es gratis. No interesará a todo el mundo, pero se puede evaluar.

Y para los compradores, una oportunidad interesante siempre que se lean bien los anuncios, que no se acaben comprando cosas que no se comprarían de otro modo, y que se tenga en cuenta los vales sólo se pueden utilizar a partir del día siguiente de comprarlo, cuando el impulso que nos llevó a comprarlo tal vez ya se fue.