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2008/10/09

Modos de vida para una crisis

En este post dejaba caer que la recesión (entonces aún no se podía decir crisis) podría dar lugar a que tengamos que plantearnos cosas que damos por sentadas, cambiar algunos aspectos del modo en que vivimos. Y que podría darse la vuelta a esto: si nos hubiéramos planteado estas cosas hace tiempo, si nuestro modo de vida fuera otro, es posible que la crisis no nos afectase tanto. Incluso podría no haber tenido lugar.

Sólo dejé asomar esta idea, sin concretar. Y hoy, en el boletín que envía Eartheasy, leo [en] un artículo que retoma esto. No pretendía traducir literalmente el artículo, pero al final sí cito la mayor parte de él.

El autor se remonta a su infancia, en los años 50. Habla de sus padres, de clase media y con un estilo de vida acorde. Orgullosos de las muestras de éxito, como el coche, pero considerando esenciales valores como la economía (en el sentido de estirar el dinero). En el jardín, tras los macizos de flores, había repollos y lechuga, guisantes y otras verduras.

Tras las verduras había una cuerda de tender, siempre con ropa. Aunque en casa había lavadora y secadora, no se consideraba gastar energía cuando se podía secar la ropa al aire.

Una de las responsabilidades del autor era cortar el césped. Al principio, con un [en] cortacésped manual. Luego con motor, pero eléctrico. La gasolina era barata, pero la electricidad aún más.

Lo normal era que la ropa tuviera parches. La ropa nueva estaba reservada para los domingos y ocasiones especiales. La eficiencia en el gasto era motivo de orgullo.

Hace pocos meses se realizó un estudio realizado en California en el que chicas de 16 años citaban su actividad favorita. Un 71% eligió "ir de compras" en primer lugar. Hace tan sólo una generación, en ese lugar habrían estado cosas como "bailar", "montar a caballo", "patinar", "cantar" u otros hobbies.

La creciente crisis de crédito actual está haciendo que la noción de ir de compras como entretenimiento llegue a su fin. Y aunque esto sea fatal para el comercio a corto plazo, a la larga será beneficioso disminuir el consumo per capita.

Aparte de la incertidumbre económica setá, por supuesto, la creciente preocupación por el cambio climático y sus consecuencias. Estas dos amenazas requieren soluciones complementarias, pues una economía sana necesita de un medio ambiente sano, energía limpia y un uso moderado de los recursos naturales.

Estamos viendo muchos cambios que parecen buenos para nuestro futuro. Gobiernos y empresas se están subiendo al carro de las energías renovables. Científicos e investigadores están buscando energía cada vez más verde, y estrategias de gestión de residuos que, hace 10 años, no habrían podido ser por falta de fondos para investigación. Se oye hablar de huertos comunitarios, y los trabajos "verdes" son una opción preferida por los graduados actuales.

Aunque la crisis nos afecte, hay que centrarse en los aspectos positivos y buscar las oportunidades que acompañan al cambio. Podemos aprender de las tradiciones de modestia y economía transmitidas por nuestros padres y abuelos. Compartir recursos no fungibles con nuestros vecinos, pasar más tiempo con nuestros hijos en lugar de comprarles cosas, aprender prácticas sostenibles y enseñar a nuestros hijos cómo desarrollarlas.

Así que, tal vez sin ser demasiado radicales, hay que aprovechar y poner de moda ciertas costumbres que ahora podrían estar mal vistas. No se trata de ir con la ropa rota, pero igual no hace falta cambiar el vestuario completo cada año. Y otras tantas cosas que ahora, con la excusa de la crisis, pueden volver a ser posibles.

2008/07/22

Los grandes problemas de la humanidad

Leyendo la sección verde de Microsiervos me entero de la existencia de [en] esta página.

Pretenden informar, concienciar y educar sobre los mayores cinco problemas a los que se enfrenta la humanidad. De entre todos los posibles, han elegido estos:

  • Colapso Económico

  • Cenit del Petróleo (peak oil)

  • Crisis global del agua

  • Extinción de especies

  • Cambio Climático

Y me recuerda, como en algún número de Les Luthiers donde, al final, vuelven al principio, a aquel post que escribí hace tiempo. Empezaba hablando de la extrañeza (casi indignación, mi compañero era así) de un compañero al decir el presidente del gobierno que "el cambio climático era el más importante de los problemas a los que nos enfrentábamos".

Y me alegra ver que hay más gente que piensa así. Tal vez no el más importante, pero sí uno de los cinco más.

2008/06/10

Constructores y cambio climático

Las noticias que aparecen en bottup me siguen sorprendiendo. Esta vez leo que los promotores inmobiliarios acusan a Greenpeace de hundir los precios en la Manga del Mar Menor.

Los pérfidos señores de Greenpeace se han dedicado a difundir [pdf] propaganda diciendo lo que puede pasar si el cambio climático sigue su curso, si no hacemos nada para detenerlo. Entre otras cosas, que el nivel del mar aumente convirtiendo ciertas zonas de la Manga en una nueva Venecia.

Los constructores se ven tan afectados por estas cosas que piden ser compensados. Nada menos que 20 millones de euros, que es lo que reclaman a la organización ecologista por los daños causados.

Claro, están acostumbrados a eliminar obstáculos a golpe de talonario. Lo malo es que en este caso no hay nadie a quien hacer cambiar de opinión. El cambio climático, que es lo que tiene.

2008/05/23

No puedo ir a trabajar (en coche)

De nuevo, Metro me da tema para escribir. Leo en la portada de hoy un artículo titulado “La crisis se agudiza por la hipoteca y la gasolina”. Y como texto independiente, una cita: “A este paso, no voy a poder pagar mi casa ni tampoco ir en coche al trabajo”.

Sé que el Euribor aprieta. Que la inflación no perdona. Que el panorama no está muy animado.

Pero me llama la atención que, en la misma frase, se hable de estas dos cosas dándoles la misma importancia. O sea: ¿no sería posible dejar el coche en casa y, con el ahorro, contribuir a pagar la hipoteca?

Aunque mi preocupación va, más bien, por otro lado. Y es enfrentar el drama que para alguien representa no ir en coche al trabajo, al problema que supone que tanta, tantísima gente vaya en coche al trabajo. Aunque el trabajo esté a cinco minutos de paseo. Aunque haya que tragarse una hora de atasco. Aunque haya que estar todo el día pendiente del ticket de aparcamiento. Y, sobre todo, aunque los coches llenen el aire de porquería, o de ruido nuestro entorno.

Por eso, porque me preocupa esto último, mis sentimientos sobre el precio del combustible son mixtos. Como conductor, malo para el bolsillo. Pero si sirve para que se use menos el coche, bien me parece.

Y ahora, una confesión: sí, después de todo lo que escribo por aquí, he de decir que uso habitualmente el coche para ir a trabajar. He ido mucho tiempo en Metro+tren, luego fui andando otra temporada, y ahora uso el coche. Eso sí, intento pensar en algo que leí, no sé dónde. Si dejas el coche en casa y vas a trabajar en transporte público un día a la semana (uno sólo) ahorras nada menos que un 20% de combustible, contaminación, ruido. Por algo se empieza.

2007/11/30

Una verdad incómoda

Se ha hablado un poco últimamente de Zapatero, "inaugurando" los paneles solares de la Moncloa que empezaron a aparecer cuando era Aznar quien vivía allí.

El caso es que aprovechando el acto, dijo el inaugurador que "El cambio climático es el desafío más grave que se cierne sobre la vida en la Tierra y exige un nuevo contrato del hombre con el planeta".

El martes, durante el desayuno, un compañero abrió el debate. No sé si la versión en papel sería igual que la digital; el caso es que él no se explicaba cómo podía decir el presidente que "el cambio climático era el más importante de los problemas a los que nos enfrentábamos". Claro, dicho así, se puede comparar con otros como el terrorismo, el paro, la vivienda o la salud. Anduvimos charlando un rato, hablando de que podía ser cierto, que sin planeta no hay nada de lo otro. También de que era muy arriesgado, para un político, apostar por el cambio climático. Los políticos tienen que enseñar resultados en cuatro años, y en estos temas ambientales las cosas no suelen ir tan deprisa.

Y luego salieron los temas de las bondades de la energía nuclear, y también lo cuestionable del cambio climático, la teoría de los ciclos, etc. Más o menos lo que veo hoy en este artículo. Más allá de lo cuestionable de sus argumentos, tiene un error gordo: dice que los costes del kilowatio eléctrico son "entre los 4 y 8 céntimos el kilowatio nuclear por 150 el eólico ó 250 el solar”. Y estoy seguro de que a los productores de energía solar les gustaría saber qué compañías pagan el kilowatio solar a ese precio, porque es bastante mejor que los 44 céntimos que garantiza la ley, incluso que los 48 que se pagan en Alemania. Y a los de la energía eólica, 150 céntimos les gustaría más que los 8,5 que se fijan como precio máximo.

Para terminar con las coincidencias, ayer estuve viendo Una verdad incómoda. Se trata de un documental que, dejando aparte los toques biográficos de Al Gore, se centra en el cambio climático. No en las cosas que podemos hacer, o en otros asuntos ecológicos. Sólo en la relación entre las emisiones de CO2 y el efecto invernadero, con sus consecuencias.

Desmonta la teoría de los ciclos mostrando datos muy antiguos, obtenidos con técnicas estratográficas, en grandes bloques de hielo. Efectivamente hay ciclos, pero ahora estamos muy, muy por encima de cualquier valor histórico. E incluso si lo que está ocurriendo fuera consecuencia de un ciclo, más nos vale hacer lo posible para contrarrestar.


Hoy, 4 de julio de 2008, me entero de que hay libro, publicado en español.